El platillo y la receta

Cuando vamos a una fiesta o reunión y probamos un platillo delicioso no es extraño pedirle al anfitrión la receta para poder prepararlo en casa. Incluso en un restaurante, donde el chef se niegue a darnos la receta secreta que le da el sazón a su platillo insignia, haremos todo lo posible por replicar esos sabores en casa, experimentando hasta conseguir algo que se le acerque.

La receta es reproducible, el platillo no lo es. La receta tiene más valor aunque no se pueda consumir de manera inmediata.

No solamente pasa en la cocina. Ocurre en casi cualquier actividad. Patrones de crochet, instrucciones de origami, modelos 3D, la partitura para tocar esa canción que tanto nos gusta, el código fuente de un pequeño videojuego o aplicación. En todas estas áreas la receta tiene más valor que el platillo, si eres capaz de seguir instrucciones y sabes cocinar.

Aún con la receta, a veces es difícil seguirla al pie de la letra. Hay cientos de covers para una sola canción, cada uno con voz, instrumentos, y atmósfera diferente, y ninguna persona prepara el mismo platillo de la misma manera. A veces nos desviamos de la receta a propósito, haciendo cambios para satisfacer nuestro gusto personal. A veces ni siquiera necesitamos la receta, y sólo nuestra intuición y experiencia previa son suficientes para crear algo bastante fiel al original.

Es fácil escuchar una canción y disfrutarla. Es fácil ir a nuestro restaurante favorito y pagar por una gran cena. Pero también hay valor en aprender a replicar esas sensaciones, esos objectos, esas experiencias que nos cautivan.