Cuando escucho a otras personas contarme anécdotas de hace cinco o diez años con tanto detalle como si la hubieran vivido ayer, me hace darme cuenta de mi incapacidad de recordar los detalles de cosas que pasaron hace tiempo.
A veces no tengo nada que contar, salvo unas cuantas historias que ni si quiera sé que tengo guardadas en mi cabeza hasta que alguien menciona algo que me hace recordarla.
A veces recuerdo las palabras que escuché o el texto exacto que leí hace más de diez años y que me repito a mí mismo como un mantra con un significado profundo acerca de la vida, pero no puedo recordar los detalles de mi evento de graduación, o ese viaje que hice hace unos meses cuyos recuerdos se vuelven más nebulosos con el tiempo.
Y es por eso que escribo mis memorias (y tú también deberías hacerlo). Porque no me gustaría envejecer y darme cuenta de que no recuerdo nada significativo, que no puedo narrar una historia sin hacer pausas y dudar de la veracidad de cada cosa que digo.